Llegamos en bici
subimos las escaleras
sale al césped con Ibai
le dice que las nueces
son para la ardilla
que los mete en una caja
para que no se las coman los pájaros.
Ibai lo mira alucinado,
como si todo tuviera sentido.
Naia se sienta en mis rodillas
él saca unas cartulinas
con palabras escritas a mano
con una perfecta caligrafía
en latín y en griego, nos dice
mirando al infinito.
Quiere contarle a Naia
por qué no hay osos
en el hemisferio sur.
Estamos cerca de un viejo mapamundi
que ha traído su nieta Sarah
tomándolo prestado de la escuela.
Aquí está Bruselas,
casi todo lo que sabemos
viene de aquí (señala Grecia) y de aquí (Egipto),
aunque se me pueda acusar de reduccionista.
Los griegos, hace mucho tiempo, tenían muchos dioses
¿te han explicado lo que son los dioses, no?
Bien…
El más importante era Zeus…
señala su cartulina, así en griego, así en latín.
Y la mujer de Zeus, Hera.
Hera viajaba mucho, de misiones,
por todo el mundo
por otros mundos.
Y Zeus, seguramente muy solo
iba con frecuencia
al monte Olimpo
a mirar las estrellas.
Su preferida era la polar,
tan brillante, tan central, tan cardinal.
La única estrella que no se mueve de lugar.
A Zeus, además de las estrellas,
le gustaba flirtear,
y cuando Hera se marchaba
encontraba otras mujeres.
Su preferida era una hermosa ninfa, Calisto,
de la que el gran dios se enamoró
en uno de los largos viajes de Hera.
Y tuvieron un hijo, Arcas,
en griego Arktos (Arktos),
nos vuelve a mostrar el hermoso alfabeto.
Y un día Hera regresó.
Era muy celosa.
Zeus no quería que les pasase nada
ni a Calisto ni a su hijo
así que los convirtió en estrellas
y los lanzó al cielo,
lo más cerca que pudo
de la estrella polar,
para poder tenerlos lo más cerca posible.
Esa es Calisto y esa su hijo,
nos señala en una bola con todas las estrellas:
Ursa Major. Ursa Minor.
Ursa comme ours? (oso), pregunta Naia alucinada.
La estrella polar es la estrella del norte,
continua Jean sin haber oído a Naia,
y por eso toda esta zona de la tierra,
dice mientras acaricia la parte superior del mapamundi,
se llama Arktikos; tierra de los osos.
Por eso no hay osos en el hemisferio sur,
concluye como si nada.
Pienso en Zeus sentado solo en el monte Olimpo
mirando a su hijo, mirando a su amada,
y miro a Naia, a Ibai, y a Isa
y les doy las gracias en silencio
pero me tiemblan las rodillas de la emoción,
y Naia se da cuenta de algo
y me da un beso, como hace siempre.
Unas pocas estrellas brillan también de día.
Y Jean es una de ellas.(Enekon beste kañoi bet...)
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